miércoles, 15 de abril de 2015

CRONOLOGÍA

La función metalingüística es hablada por primera vez por Roman Jakobson en 1956, en una "disertación" presentada en la "Linguistic Society of America" y publicada veinte años más tarde bajo el título "Metalanguage as a Linguistic Problem". Según su propia confesión, Jakobson calca el término metalenguaje del lógico polaco Alfred Tarski.
Cuando el metalenguaje aparece, la función metalingüística constituye un fin en sí misma y el lenguaje es fuente de conocimiento acerca del propio lenguaje. Ésta es la Función Metalingüística explícita. Aparece en espontáneas actividades ("cuando decimos otra palabra queriendo decir una diferente) o de reflexión sobre terminología ("A los niños se les llama guambitos" (Esta palabra es usada en: Huila, Tolima). 
La alteración en la forma gráfica de la palabra (apasiona > hapasiona) es a la vez consecuencia de la reflexión metalingüística que surge en el personaje y de la que utiliza el narrador con el fin de transmitir, sin intervenir con su propia voz, la actitud del personaje al lector obligándole; a su vez, a la reflexión metalingüística también. De este modo, la creación del autor actúa simultáneamente en los tres planos comunicativos de la narración (el del personaje, el del narrador, el del lector). Los juegos de palabras, generalmente intrascendentes, basados unas veces en la forma gráfica (anacíclicos, anagramas, palindromos); otras, en el sonido o forma fónica requieren para ser usados una cierta "reflexión metalingüística", pues es obvio que no conducen directamente a un determinado significado; son, más bien, a significativos y suelen desviar la atención de los hablantes-oyentes hacia el carácter lúdico del acto de habla. Un estudio más detallado podría en fin, multiplicar los ejemplos de conducta metalingüística (implícita) reflexiva. Aunque aparentemente muy variados, hay un rasgo común que los caracteriza: en todos los casos, el fenómeno descrito (aprovechamiento de la homonimia, búsqueda sinonímica, fonosimbolísmo) está causado por (o ambas cosas) la ruptura del automatismo verbal, insertando reflexión metalingüística en un proceso comunicativo cuya finalidad no es primariamente la de informar acerca del lenguaje. Frustrada la expectativa del receptor, su atención se ve momentáneamente desviada desde la posibilidad “lógica” de sentido atribuible a una determinada situación, al funcionamiento del sistema de la propia lengua implicada. La conducta metalingüística irreflexiva es característica de la lengua oral (inmediatez, fugacidad, espontaneidad); aunque naturalmente, también pueden aparecer fenómenos de irreflexión metalingüística en la lengua escrita. Y a la inversa; como hemos visto también la reflexión aparece en la lengua oral.

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