En
cualquier acto de comunicación intervienen los siguientes factores:
1. Emisor del
mensaje
2. Receptor o
destinatario del mensaje.
3. Canal o
contacto psicofísico entre emisor y receptor.
4.
Mensaje o
información transmitida.
5.
Referente o
contexto al que se refiere el mensaje.
6.
Código en
que está cifrado el mensaje y que es compartido por emisor y receptor.
Siempre que utilizamos
el lenguaje, lo hacemos con una intención o función determinada: informar,
persuadir, ordenar, conmover... Según cuál sea nuestra intención en el momento
de comunicarnos, destacará alguno o varios elementos de la comunicación.
No todos los mensajes
desempeñan la misma función: algunos se limitan a informar, otros son un
recurso para iniciar el contacto comunicativo, otros mensajes se emiten con el
propósito de provocar una determinada reacción en el receptor, otros con la
intención de cautivar la sensibilidad del destinatario. La función que
desempeña un mensaje viene determinada por el predominio de alguno de los
elementos en el proceso comunicativo o porque el mensaje incide de manera
directa sobre dicho elemento; sin embargo, es frecuente que un mismo mensaje
desempeñe varias funciones a la vez. Las funciones, por tanto, no se dan de
manera aislada sino que aparecen combinadas en un mismo texto.
De ningún acto de
comunicación puede estar ausente ninguna de las tres funciones básicas
(referencial, expresiva y apelativa). La metalingüística podría explicarse como
una más de las especies de la función referencial, al ser el código uno de los
objetos posibles del referente lingüístico; y la función fática o bien no es
propiamente lingüística o bien se reduce a las fundamentales, con la
particularidad de que la referencia sea alguno de los aspectos del acto mismo
de comunicar.